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domingo, 17 de febrero de 2013
'Mil sonrisas diarias para ti, los llantos para mí, que no te toquen.'
No me gusta encerrarme para llorar, pero es imposible evitarlo. No quiero que me vean, ni que me pregunten, y mucho menos explicarlo. Sólo dos personas saben qué pasa, a una de ellas -mi mejor amigo- ni siquiera tuve que contárselo, se dio cuenta por sí mismo, y no quiero hablarlo con él. A la otra persona sí que se lo conté yo, ¿Y qué iba a hacer? Llevaba tiempo preocupándome y no tenía a quién contárselo y pedirle ayuda. ¿A mi hermana? Nunca. Intento mantenerla lo más alejada posible de mis problemas. ¿A mi madre? Menos. ¿A mi prima? Tampoco. ¿Amigas? ¿Cuales?. ¿A mi novio? Ni en broma. ¿A quién podía contárselo? Tenía que ser alguien a quien no viese mucho, que sepa que va a preocuparse un mínimo, y que no me importe si se enfada o me hace chantaje. Aún así no quiero hablarlo, y a la vez necesito desahogarme, ésto es difícil, es imposible, es raro, me duele, me jode, me mata, me amarga. Me amarga a mí y a los míos, he dejado de verme con gente por culpa de eso, sé que no está bien, pero me sienta mal verles. Estoy floja, nada ni nadie es capaz de hacerme fuerte, me siento frágil, vulnerable, estúpida e idiota, y más, si la persona a la que quiero tener más alejada se da cuenta de que pasa algo. No puedo evitar llorar, ni puedo evitar esos bajones repentinos que me dan, aún no, pero lo conseguiré, lo sé. No quiero que la gente se entere, mejor mantener al margen a la gente que quiero, supongo.
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