Quizá fue esa noche la que decidí que quería estar con él. Mi ángel interior decía 'no lo hagas, hay más gente en el comedor, no estáis solos' y la parte cuerda de mí burlaba 'Que les den a los demás, disfrútalo, si no no sabrás si te gusta de verdad o no'. Más me dejaba llevar cuando me besaba lento, sentía escalofríos, y él me abrazaba. Imaginaba cómo sería la escena dese más lejos. Me abrazaba lentamente y yo sentía como cada centímetro de mi vientre que él recorría, experimentaba sensaciones únicas. Me daba miedo, y mi ángel seguía diciéndome que no lo hiciera, que estaba mal, que esperase más, pero con los ojos cerrados decidí tirar más por parte del pequeño demonio, y dejar que surgiera. Yo tenía vergüenza, no sabía cómo reaccionar, qué hacer, ni cómo, así que simplemente me dejé llevar. Pensé que si le gustaba, y me gustaba, íbamos a estar juntos, si no, era mejor ser yo misma, no intentar ser mejor, para que luego no piense que soy de otra forma que la que me ha tocado. Desperté a su lado, como era evidente, de un beso. Supe que quería despertar así el resto de mi vida.
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