Mariana era mi profesora de inglés. Lo que más me gustaba de ella, es que siempre nos contaba historias, anécdotas, y nos hacía unas charlas de literatura impresionantes. Siempre me hacía reflexionar, siempre lo entendía todo.
Una de las cosas de las cuales hablaba bastante, era sobre elegir. Decía que no teníamos que ponernos nerviosos cuando elegíamos una carrera, o un bachillerato, ya que siempre elegíamos cosas, todo el día, desde que nacemos. Cuando somos pequeños, elegimos si llorar, o no llorar, si llamar o no la atención, elegimos los amigos que tenemos, si aún queremos llevar chupete... Cuando vamos creciendo, elegimos si queremos el pelo largo o corto, si nos lo queremos recoger, si queremos o no estudiar y esforzarnos... pero fuera de todo ésto, todos los días, hacemos cientos de elecciones. Elegimos si nos despertamos cuando suena el despertador o si esperamos 5 minutos más, el peinado que llevaremos ese día, si nos maquillamos, o no, si llevaremos bambas o chanclas, si ponernos calcetines, pantalón largo o corto, si desayunamos o nos lo llevamos al cole, si llegamos temprano o justos, elegimos si levantarnos o no en los cambios de clase, si prestamos atención, si nos concentramos, si preferimos hablar con el compañero, si ahora mismo me estáis leyendo o no, eso también se elige. Se elige todo, todos los días, miles de veces. ¿Porque preocuparnos de una elección? Por importante que sea, siempre podemos cambiar, siempre podemos soltarnos el pelo si habíamos decidido llevarlo recogido, y nos cansamos. Siempre podemos cambiarnos de zapatos al mediodía o coger la bufanda porque al final hacía más frío del que parecía. Siempre podemos, dejar algo a medias, siempre que ese algo no nos llene, y tenga que hacerlo. Todo tiene solución, menos la muerte. Eso decía Mariana.
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