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jueves, 10 de enero de 2013
Desde que me enamoraste. [3-4]
"[...] Odio que me quite el maquillaje a besos y lametazos cuando salimos, pero incluso eso lo echo de menos cuando vuelvo a Granollers. Necesito más de él que él de mí, yo soy la débil, yo soy la tonta, él es quien lo da todo por mí, quien me saca sonrisas, y quien me hace feliz incluso a distancia. [...] ¿Que si viviría con él? Me sobran tantas ganas que podría forrar mi habitación sólo con las que me sobran. [...] Y por supuesto, ¿Qué me dices de sus labios? Recuerdo la primera vez que me fijé en ellos, no lo tenía en frente pero me moría de ganas. Él estaba hablando con sus amigos, y yo mirándole de reojo como quien no quiere la cosa, jugando con la cámara de fotos para fingir que no le miraba a él directamente, haciéndole fotos a telarañas, a hojas secas, al suelo, a mis pies. A todo, con tal de que no se me notara. Supongo que tendría algo que ver, el echo de que me fijase tanto, con que un par de días antes me dijo que yo le gustaba, y me sentí como 'bueno, a mí no va a gustarme, así que no importa' pero otra parte de mí pensó 'ya puedes dejar de hacer el imbécil y decirle que él también te gusta'. Me decanté por la primera opción, pensé eso hasta que no pude más, hasta que me chantajeó con un beso, y fue la oportunidad perfecta para dárselo. Con la de veces que había pensado en ese momento, y resulta que no se pareció nada a lo que yo tenía 'planeado'... Eso sí, cuando me robó ese beso (porque me lo robó) me sentí como en una película de esas de Disney. Fue todo tan tonto que quedaría raro incluso escribirlo, pero por fin, por fin le (me) había besado, aunque me prometí a mí misma que no repetiría (cosa que no cumplí, evidentemente). [...] A día de hoy entiendo por qué no podía mirarle a los ojos cuando me hablaba; porque sabía que iba a caer dentro de ellos, y que quizás no sabría salir. Y ya sé por qué me gustaron tanto sus manos; porque si algún día caigo en otros ojos, sé que sus manos me rescatarán, para que me quede en los suyos y no cometa más errores. Y también sé por qué me gustaban sus labios; porque desde que me besó, no puedo decirle que no a nada (a casi nada). Es el conjunto de manos, ojos, y labios perfectos. Todo lo que tiene es perfecto. ¿Y sus defectos? Porque todos tenemos defectos. Bien, éstos también lo son. [...]"
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