[...]
-Asia, haría cualquier cosa por ti. Lo sabes, ¿verdad? - Asia no contestó. Se limitó a incorporarse de nuevo en el asiento-. Haría cualquier cosa porque estuvieras bien - repitió.
Entonces Asia le miró.
-¿Cualquier cosa?
Pablo asintió.
-¿Como volver a casa conmigo y con mamá?
Pablo se quedó desconcertado y no supo cómo reaccionar.
-Asia... eso...
-Entonces no digas que harías cualquier cosa por mí, porque es mentira.
Y sin más, salió del coche y dio un portazo. Se puso a caminar por la acera en medio de la calle iluminada por tres farolas. Pablo salió del coche y la llamó.
-Asia, ven. Sube, no seas tonta.
Asia echó a correr. Pablo suspiró, derrotado. Se metió en el coche, en el asiento del conductor, y arrancó. Decidió seguirla, y cuando estuvo a su lado, abrió la ventanilla.
-Cariño, ¿y de qué serviría que yo volviera a casa?
-Si no te hubieras ido, a lo mejor nada de ésto habría pasado.
-¿Qué? ¿Por qué dices eso?
-¿No se lo dijiste a mamá ayer? Que era todo por su culpa, y por la vida que llevaba.
¿Nos escuchaste? -Asia no dijo nada-. Eso lo dije porque estaba enfadado... Uno a veces dice cosas que no quiere decir, que ni siente. Venga, sube al coche, que te llevo a casa.
-No, prefiero ir andando.
-Asia, hay cinco kilómetros...
-Me da igual.
Y Asia echó a andar a paso rápido. Pablo no se rindió y la siguió con el coche. Ella entonces se metió por una cale por la que Pablo no podía girar. Pablo aceleró y dio la vuelta a la manzana. La interceptó cuando salía de esa calle.
-Asia... no voy a dejarte sola.
-Papá, ya nos has dejado solas, ¿Vale?
Asia se alejó. Pablo paró el coche. suspiró. [...]

No hay comentarios:
Publicar un comentario