lunes, 14 de enero de 2013

Lágrimas y sonrisas.

[...] Acabo de salir de la ducha. Riendo y llorando. Me gusta llorar dentro de la bañera por varios motivos; Cuando las lágrimas caen al agua, son menos lágrimas. Porque después de hacerlo, sonrío. Siempre hay algún motivo para sonreír, por insignificante que parezca, y porque el sonido del agua hace que nadie escuche mis llantos. Hoy he llorado de dolor, y no de corazón. He entrado, y me he sentado con las piernas flexionadas. He dejado caer algunas gotas de agua sobre mi rodilla derecha, me dolía. Sólo eran gotas de agua, y aún estando en el agua, he empezado a notar que sudaba. Me he preguntado por qué a mí toda esa mierda. Por qué me duele, por qué me jodieron la pierna en esa maldita operación, por qué no me la arreglan, por qué. Preguntas sin respuesta. Después de pensar en todo, he dejado caer el chorro grande de agua. Me dolía mucho, y he empezado a llorar. Llorar por un chorro de agua que cae sobre una cicatriz que no dice nada. Odio esa sensación. Miro mi pierna y me asquea su aspecto. Muchas partes de mi cuerpo me dan asco, pero si al asco, le añadimos dolor, el asco se multiplica, y el dolor se intensifica. Rápidamente he buscado algún motivo para sonreír, para evadir el pensamiento que tenía, para rescatar el bienestar entre ese maldito dolor, y he salido de la ducha. He desempañado el espejo con la toalla blanca y me he mirado en él. Normalmente, ese es el motivo que tengo para llorar; mi cuerpo, pero hoy no lo era, hoy ha sido el motivo por el cual sonreír. No me gusta mi cuerpo, me muero de ganas de cambiarlo, no me gusta ni siquiera acariciarlo, mirarlo, o pensar en él, aunque todas esas cosas que odio, sigo haciéndolas. Me he preguntado por qué me odio tanto, y si realmente tenía sentido ese rechazo hacia mí misma, y no he obtenido respuesta. Quiero ser mejor persona, quiero adelgazar para estar más guapa, para él. Para él también quiero maquillarme, peinarme, ponerme zapatos de tacón, y todas esas pequeñas cosas que hacemos las mujeres para seducir a alguien, todas quiero hacerlas por él, pero luego, cuando estamos juntos, la cosa cambia. Me quita el maquillaje a besos, no le importa que no me peine, y me desnuda. Me desnuda sin juzgarme, sin hacerme ningún tipo de ascos, al contrario, me dice que me quiere, que estoy preciosa, me besa, y me hace sentir mujer. Tenía tantas ganas de sentirme mujer de esa forma... Sabía que lo conseguiría, por Dios, no tenía más que 18 años, y pensaba que tranquilamente hasta los 30 no sentiría nada así, pero mira tú por donde, aquí te tengo, a ti y a tus juegos, a tu manera de hacerme reír, de conquistarme incluso teniéndome, cosa que admiro más que cualquier otra. Incluso cuando te metes conmigo, todos los días, con mis manías de niña pequeña, con mi cara 'de pan', con mi pijama, sobretodo, incluso ahí estás conquistándome, enamorándome más a cada día que pasa, teniéndome lejos, llamándome, mandándome mensajes,... No sé como coño lo has echo para eliminar la repugnancia hacia mí  misma que tanto odio, ¿Por qué hoy no me odio tanto? Por ti, por como me miras, por como me tratas. Sea cual sea el motivo por el que sonrío al salir de la ducha, terminas siendo tú. Eres tú, siempre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario