martes, 23 de octubre de 2012

"Dicen que odia a las personas, y habla con los animales."

A veces me pregunto por qué, pero necesito que me despiertes arrancándome el piercing del labio, que me frotes la cabeza contra mi tobillo -porque no llegabas a más- para medirme de comer, mientras soltabas algún 'te quiero' en idioma gatuno. Yo sé que me querías, al menos eso quiero pensar. Dependías de mí, mientras estuviste conmigo me hiciste feliz. No me dejabas maquillarme, te comiste el cargador de mi portátil, el del móvil, te comiste también mi comida, agachándote sobre la mesa. Saltabas por el mueble de la tele y ponías de los nervios a mamá. También la ponías de los nervios cuando tirabas el árbol de navidad. Nadie entendía que sólo tenías tres meses, eras preciosa, eras mía, dependías de mí.
A menudo me apetece tener que cerrar la puerta para que no entrases en la habitación mientras me vestía, ya que a la que veías un trozo de ropa moviéndose tenías que ira por él. Y a por mis pies. Me has dejado  cicatrices, tanto en el corazón como en los brazos, eras una bestia, pero te echo de menos. Ella también era una bestia a veces, y la he querido más que a nadie. En realidad estabais conectadas, tú eras un gato, y ella amaba a los gatos. A veces lloro, y pienso que no tiene sentido llorar por ti. Sé dónde estás, no quiero ir a verte. No soportaría que no me reconocieras, y sé que no lo harías, así que no, no puedo, pero te necesito. Es una contradicción, no me atrevo a enfrentarme a ti, ya no tengo ningún bichito peludito, ya no podrías pelearte con Alice, ella tampoco está, ella me falló, murió por ahogada por comerse una tuerca, ¿Tú te crees? Con la de comida que tenía... Tú no me fallaste, me falló Antonio, con la terrible alergia que te tenía, le salieron quistes en los ojos y todo, creo que aún no se le han ido, pero sinceramente, no me importa, es una deuda que siempre tendré con él. Yo te quería más a ti que a él, por raro y cruel que parezca, pero no voy a mentirte, a Alice también la quería muchísimo, quizás hasta más, pero claro, la tuve muchísimo más tiempo que a ti...
A Alice le hablaba de ti cada dos por tres, era un conejo, no me hacía caso, sólo holía con esa gracia que tenía ella, y con esas orejitas caídas, que se las pisaba cuando saltaba, y parecía tonta. No sabes las horas que pasé con Alicia mientras se ahogaba... no sabía qué le estaba pasando, la grabé, porque no sabía qué e pasaba. Sólo hacía dos días que le salieron las mamas, claro, estaba embarazada. No  me importan los conejitos que llevaba dentro, me importaba ella, me importaba que era lo que me quedaba, y la perdí. No pude verla morir, la vio mamá, yo cuando vi que estaba en las últimas me encerré en la habitación, suerte que no la vi. Yo, que si veo morir a alguien (que no conozco) me quedo empanada, y no sufro para nada, y cuando vi que estaba enferma quería morir con ella.
Te echo de menos, Tábatha, te fuiste cuando se fue también alguien que necesitaba. Te necesitaba a ti, necesitaba a Alice, y la necesitaba a ella. Os perdí a as tres, por eso dejó de importarme el resto.
Ahora tengo una cotorra, se llama Lola, le he hablado de vosotras, y ella sí que me contesta. Me piropea, tiene mucha gracia caminando, y cuando vuela activa el 'modo ventilador', es increíble también, aunque contigo no se llevaría bien, tú intentarías, y conseguirías comértela. ¿Sabes? Lola come de mi lengua. Y da besitos, y sigue el ritmo que marco con mis dedos... Pero no es como tú, no me mima, es como un muñeco a pilas, ya está enseñada, sabe hacerlo todo ella sola, me he perdido la gracia de enseñarle, que es lo que más me gusta de los animales, pero bueno, la tengo. Mamá también pierde los nervios con ella.
Siento no tener los ovarios suficientes para ir a verte, lo siento si te hago pensar que no me importas, supongo que es lo que pensaste cuando vino Santi a buscarte. Yo pensaría mal de mí, pero lo siento, no puedo, no tengo valor.

Te quiero, Tábatha.

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