martes, 16 de octubre de 2012

Podía ver como la sangre traspasaba la sábana blanca que le habían puesto por encima. También veía la cara de miedo de la gente de alrededor, y la naturalidad con la que los forenses levantaban la sábana y miraban a la pobre anciana, encharcada en sangre. Primero, le vi la mano. Estaba morada, rojiza, blanca. Era una mezcla de colores, se veía que era una señora mayor porque, incluso de lejos, se le veían manchitas azuladas, típica de las personas mayores, causada por la mala circulación de la sangre. Y las arrugas. Y los huesos de los dedos. Me acerqué al policía que tenía más cerca, y le dije que estoy estudiando servicios funerarios, tanatoestética y tanatopraxia, concretamente. Dejó que me acercara un poco más, y se puso a hablar con un señor de negro. No iba trajeado, pero iba de negro. Tampoco sé cual era su especialidad, no sé si era forense, policía secreta, o qué. Si miraba arriba, en el tercer piso -de dónde cayó, o se tiró la señora- había tres chicos; Uno tomaba fotos, tanto a la baranda, como al suelo, como al cadáver, desde arriba -aunque no se veía, porque estaba la sabana blanca.- Otro tomaba huellas, con un pincel blanco, y unas tiras de celo más grandes de lo normal. El otro no sé qué hacía, pero los tres llevaban mascarillas en la boca y la nariz. La chica que llevaba la libreta, y escribía todo lo que veía, levantó  la sábana cuando yo estaba más cerca, la vi perfectamente, la parte de atrás de la cabeza estaba destrozada, el pelo negro se teñía de granate. Coágulos de sangre entre el pelo. Tenía que saber si conocía a dicha señora, quería saber de quién se trataba, pero, a pesar de ser mi vecina, parece que no la había visto antes.Lo primero que pensé -ya que la baranda es bastante alta, y la señora bastante bajita.- es que seria la señora de la limpieza, se habría subido a una silla para limpiar los cristales, o la madera que había sobre el cristal, que se veía perfectamente desde abajo, y por culpa de  un mareo, o si lo tenían, un animal de compañía, se cayó hacia abajo abriéndose la cabeza. No lo sé, tampoco encontraban a familiares, ni amigos de la señora, por eso se me ocurre que no fuese vecina, realmente.
Ha sido una experiencia. Ahora tengo, más claro que antes, que no me da ningún miedo, y que no me importaría, para nada, dedicarme realmente a eso. Quiero hacerlo. Sé que puedo, a diferencia de la mayoría de la gente corriente.

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