Ésta madrugada va a hacer un mes exacto desde que, oficialmente, estamos juntos.
Antes de estar oficialmente juntos, ya habíamos ido más de una vez cogidos de la manos por la calle, -y más de dos- y hacía también semanas que podía besarle delante de la gente, cosas que parecen tonterías, pero la tonta soy yo, que me cuesta bastante hacer todo eso delante de la gente.
Llevaba muchísimo tiempo necesitando de alguien como él, que hiciera el más mínimo esfuerzo para quererme, o para aceptarme como soy, ya que no soy la típica chica común, fina, y con modales -que tampoco soy una maleducada, pero quien me conozca, me entenderá- que cualquier madre quiere para su hijo. Él sí que hace para quererme, y parece que no hace un mínimo, sino que me da la sensación de que hace mucho más que eso, aunque a veces no entiendo el porqué, pero me gusta poder pensar de vez en cuando, que soy algo para alguien, y mejor aún si soy algo para él.
Me gusta cogerle de la mano, me encanta abrazarle, y lo que más me gusta, es besarle. Me gusta su boca, me gusta su lengua, y me gusta el 90 por ciento de él. Me gusta cómo me trata, cómo me habla, cómo puedo confiar en él -desde hace mucho más que un mes-, cómo me mira, y sus tonterías, cosa que se le da mejor que cualquiera de las anteriores.
Ya lo he dicho anteriormente, en otros textos, entradas, o como queráis llamarlo. Es el tipo de chico que siempre había querido, tiene todas las pequeñas cosas que me gustan, hace cosas que me encantan, y a la vez es curioso, hace cosas que jamás hubiese imaginado, y que también me gustan, y es un 'friki', de dibujos animados, cosa que también me encanta, porque a veces -casi siempre- pienso que sigo siendo una niña, y me encanta serlo, pues también me gusta que 'a mi chico' le gusten criaturadas de esas.
Me acuerdo de la primera vez que le besé... Tenía tanto miedo como ganas de hacerlo, desde que le conocí, tenía claríssimo que no iba a enamorarme de él, es más, puse muchísimo empeño en no enamorarme, y lo conseguía, hasta que volvía a verme y me jodía los planes. El día que me besó por primera vez, pensé que había fastidiado mis planes -en eso acerté bastante- y que no volvería a besarle, para no enamorarme 'del todo' y hacer las cosas más fáciles. Volví a verle, volvió a besarme, y mandé a tomar por culo todos esos planes inútiles que tenía de no enamorarme, porque ya era tarde, y sólo tenía dos opciones; decirle que no quería verle más, y perderle, o dejarme llevar, y que vaya surgiendo. Me burlé de la primera opción.
Desde entonces pensé que me favorecía estar con él, que cuando estábamos juntos, podía incluso llegar a ser más guapa -cosa que él nunca sabrá, porque lógicamente, sólo me ve cuando estamos juntos- y que ir cogida de su mano podía protegerme de cualquiera.
Un mes, sólo uno de todos los que vamos a estar juntos, es el principio de algo que, por narices, tiene que llegar lejos, porque lo mejor está por llegar -y aunque cueste admitirlo, las cosas malas también llegarán-, y tenemos demasiadas cosas que vivir. Te quiero, Dani.
'Tú sabes todo de mí, sólo mirándome a los ojos.'
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