Deja de juzgarme. Si sigo queriéndote es porque me quisiste de una manera que necesitaba, y sigo necesitando. Como tú decías, soy como una niña pequeña. Una niña pequeña que necesita de tus caricias y reproches. A veces necesito que vuelvas a decirme que soy asco, o que soy insoportable. Otras veces necesito que lo seas tú, y que me pidas cosquillas a todas horas. Me sacabas de quicio a menudo, pero no se me pasaba por la cabeza el echo de poder llegar a perderte. Yo te quería, tú me querías, supongo. Yo te necesito, tú... Tú tienes tu vida, supongo.
Dejé de hablar de mí, lo cambié por un 'nosotras', y ni siquiera me daba cuenta, hasta que empezaste a irte, volviste de forma vaga, y volviste a irte de mi vida, por un tiempo todavía más largo. Pensé que no podría soportarlo, pero oye, estoy aquí, estoy viva, o estoy soportando, a mi manera, echándote de menos en silencio, y en voz alta. No me da ninguna vergüenza reconocer cuánto te echo de menos, porque eso es exactamente lo que siento. Claro que preferiría tenerte aquí, para que me leyeras la mente. Claro que hubiese preferido que estubieses aquí mientras me enamoraba de una forma tan bestia, de alguien a quién, digamos, conocimos a la par. Claro que hubiese querido que me aconsejaras. Pero no ha podido ser, me lo he tenido que hacer sola, quizás ésto vaya a servirme para madurar, o vete a saber, a lo mejor no me sirve para nada más que para sufrir, o para echarte más de menos. Lo veré con el paso del tiempo, supongo.
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