martes, 20 de noviembre de 2012

 [...] Sergio tiene todo lo que yo quería. Desde que le conocí, todavía me siento más confusa que antes. Digo confusa, porque no sé exactamente lo que siento. Yo había tenido novios antes, pero nunca había sido capaz de tener relaciones sexuales, no tengo ningún motivo, supongo que me daría vergüenza, o algo. Con Sergio ese tema es algo más pasajero, puedo ser capaz de  muchas cosas con, y por él. [...]

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Ya tardaba en volver. Mamá y papá me habían dejado la casa sola tres días; Mamá estaba en Granada trabajando, y papá, como siempre, entre semana está fuera, viajando con ese dichoso camión gigante. La gran suerte de ser hija única, es que mis padres confían en mí, y me dejan quedarme "sola" en casa, aunque éstos días ha estado Sergio conmigo. Mamá lo sabe, pero como papá se entere es capaz de ir a hablar con los padres de Sergio para que rompamos. 
He estado reflexionando sobre eso de por qué no he podido estar con otros chicos, y quizás sea porque nadie me ha tratado como él. Tendrías que verlo, es demasiado -al menos para mí-. Hoy ha estado aquí, y lo hemos echo, otra vez. Surge solo, yo no lo busco, para nada, y parece que él tampoco. Bueno, quizás él sí que lo busca, pero sabe cómo hacerlo.
Primero me besa. Me besa lento, humedece mis labios con su lengua, y los mordisquea poco a poco, suavemente, sin hacerme ningún daño, mientras acaricia mi cara, muy poco a poco también, como si yo estuviera echa de cristal y pudiera romperme. Poco a poco me va abrazando, me coge de la cintura y me arrima a él, me va acariciando la espalda, y, de alguna manera, ya lo tiene todo conseguido. Supongo que esa es la famosa pasión de la que todo el mundo habla. Luego me acaricia los muslos, suave, baja, sube, y de vez en cuando me aprieta con una fuerza que no me duele, pero me excita, todo eso sin dejar de besarme. Yo abro un poco los ojos, él los tiene cerrados, sonrío mientras le beso, y le acaricio como puedo, aunque yo no sea tan experta como él. Me da un poco de miedo hacerlo mal, pero a la vez tengo tantas ganas de aprender, hacerlo bien, y que se sienta como yo, que hago lo que me pide de todas maneras. Sergio sabe lo que me gusta a mí, y lo que le gusta a ami cuerpo. Llega un momento en el que estoy preparada para desnudarme, y no tengo que decírselo, él lo intuye.  Abre los ojos, sonríe -siempre sonríe, sabe que me ayuda- y me quita la camiseta poco a poco. Con él todo es suave y lento. Decido quitarle la camiseta a él también, es una de esas cosas que un día normal no haría hasta que él me lo pidiera, o se la quitara él mismo, pero hoy lo he echo yo, y me siento orgullosa, porque, ha sonreído, así que le habrá gustado. Con una mano me abraza por la espalda y mete su mano dentro del sostén, mientras va trasladándola hacia el pecho, y con la otra, suelta la goma del pelo que llevaba desde el mediodía. Mi pelo cae sobre mi cara, y Sergio vuelve a sonreír. Siempre me dice que le encanta que el pelo nade sobre mi cara, será por la combinación naranja de mi pelo con el azul de mis ojos, que, sinceramente, a mí también me encanta. Me tumba en el sofá -que es donde estábamos desde el principio- dejándome plana, él está a mis pies, literalmente. Me abre las piernas para hacerse un hueco, y me besa el ombligo. Empieza a jugar con el piercing que llevo, y me río, me hace cosquillas, me encanta. Estira un poco los brazos, y me desabrocha el sujetador sin quitármelo. [...] Sergio entero es cosquillas. Siempre, cuando terminamos, nos fumamos un cigarro. Él no fumaba, se lo he pegado yo, y no me siento nada orgullosa de ello, pero lo pienso y, yo no le obligo a hacerlo, lo hace porque quiere, además, tiene veinte años, es mayorcito para saber lo que tiene que hacer, y lo que no, aunque preferiría que no lo hiciera, pero tampoco puedo decirle nada, cuando yo fumo desde los doce años. 
Tiene que irse a su casa a cenar, y a pasear a Kiara, yo ceno en casa, y espero a que venga a buscarme para pasear a la perra. Hoy me ha echo esperar tanto, que casi me quedo dormida. [...] Ésta noche hace bastante frío, me pongo la bufanda y el gorro "de esquimal" para bajar cuando Sergio me pica, y la verdad es que me va de perlas, con éste tiempo. Cuando llego a casa mamá ya ha llegado, me pregunta cómo me lo he pasado con tono pícaro, y le digo que genial. A ella también le ha ido de fábula, es lo bueno de tener un trabajo que te gusta, y que te llena, supongo, porque yo no soy nada feliz cuando entro a la tienda. [...] 
Adrián me ha llamado, dice que Rosa tiene algo para mí, así que quedo con ellos hoy mismo para que me lo dé. Me encantan las sorpresas y los regalos de rosa. Me pregunto qué será; ¿Otra cartera personalizada? ¿Quizás un marco de fotos con una foto de los cuatro? No importa, sé que va a gustarme. [...] Rosa tiene eso que todas queremos en una mejor amiga; Es preciosa, sabe cómo tiene que aconsejarte -cosa muy importante-, sabe escuchar,... Yo, si fuese un hombre, me casaría con ella, aunque los chicos dicen que no es tan guapa. No sé qué debe fallarle, su pelo negro, brillante, que le llega a media espalda, sus ojos negros, también brillantes como diamantes, el piercing que lleva en el centro del labio inferior -que la llevé yo a hacérselo para navidad- o su cuerpo esbelto. No entiendo qué es lo que dicen que le falla, aunque a lo mejor sea lo mismo que me dicen a mí; La vestimenta. No a todos los chicos les gustan las chicas que visten como nosotras. [...] 

'Desde el cielo, con amor.' Aida Díaz.
Ésto son unas partes de la segunda historia que escribo. Hay quien dice que es un libro, otros que es un cuento. La cosa es que entretenga.

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