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Comienzo a flotar en ésta burbuja blanca, que me lleva a las alturas, lejos, entre las nubes, donde ya nadie puede oírme, y después, al silencio sideral: Sola, como un globo que se ha ido volando.
Cuando todo se vuelve blanco, mi corazón se vuelve tan diminuto como una lenteja, y por mucho que grite, nadie lo oye.
El único que me puede salvar, es Dani.
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Blanca como la nieve, roja como la sangre.
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